
Muchos se han preguntado por qué el San Ignacio, siendo un Colegio católico, tiene como mascota al Diablito. Otros incluso se escandalizan pensando que le estamos haciendo propaganda a Satanás. El asunto es que el Diablito ignaciano nos cuestiona a tal punto que se lo ha querido reemplazar por un lobo, de los que aparecen en el escudo de Loyola, pero sin resultados.
Parece entonces conveniente dar algunos elementos sobre la historia y el sentido que tiene nuestro emblema.
El Diablito nace en los años ´60. Ya lo recordarán los alumnos de aquella época, pudiendo aportar con sus comentarios más precisiones al respecto.
Entendiendo que el dragón era la mascota del Saint George’s, porque San Jorge venció al dragón, los ignacianos de aquella época quisieron aplicar la misma lógica, adoptando el diablito como mascota del San Ignacio porque San Ignacio venció a Luzbel. Nuestro himno lo enuncia con toda claridad:
De hecho, esta idea de vencer al mal, de ordenar la vida, aparece claramente como uno de los motores de la espiritualidad ignaciana, que desarrolla como pocas, la noción de combate espiritual entre el buen y el mal espíritu. Y en ese combate estamos todos, tironeados por ambos lados.
En ese sentido, el Diablito, que es una imagen domesticada de Luzbel, trae consigo al menos un par de buenas noticias.
La primera es que por muy diablos que seamos, Dios nos quiere con El, porque nos ama, porque El nos creó y en eso no se equivocó, y porque su amor es incondicional y eterno.
La segunda buena noticia es que con la ayuda de Dios podemos llegar a domesticar ese diablillo que llevamos dentro. En otras palabras, el Nachito es una forma lúdica de proclamar que con la gracia de Dios hasta el demonio puede convertirse, que Cristo venció a la muerte y al mal.
No se trata de un culto a Satanás, ni mucho menos. Es cosa de mirar la imagen en cuestión, alegre y juguetón.
El Diablito ignaciano trata más bien de realzar la fuerza salvífica de Cristo que vence el mal. Algo parecido a lo que sucede con las diabladas que le rinden culto a la Virgen en nuestros países andinos; o a las gárgolas que adornan las catedrales europeas; o al modo que tienen los mexicanos de celebrar el día de los difuntos con calaveras y esqueletos.
En vez de adoptar un animal cualquiera, nuestra mascota también nos sirve para evangelizar. Así como los que ven el dragón del Saint George’s no se aterrorizan, sino que piensan justamente en el santo que lo derrotó, los que se encuentran con el diablito ignaciano, debieran poder llegar a entender quién está detrás de esa caricatura.
Por lo demás, ese no es ni de lejos la imagen que podemos imaginar de Satanás. Para nosotros el demonio tiene el rostro que San Ignacio describe en los Ejercicios Espirituales con estas palabras:
[140] 1º punto. El primer punto es imaginar así como si se asentase el caudillo de todos los enemigos en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo, en figura horrible y espantosa.
[141] 2º punto. El 2º: considerar cómo hace llamamiento de innumerables demonios y cómo los esparce a los unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el mundo, no dexando provincias, lugares, estados, ni personas algunas en particular.
[142] 3º punto. El 3º: considerar el sermón que les hace, y cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que primero hayan de tentar de codicia de riquezas, como suele, ut in pluribus, para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el 2º de honor, el 3º de soberbia, y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios.
Codicia de riquezas, vano honor del mundo y crecida soberbia. Esa es la verdadera cara del demonio, su figura horrible y espantosa, como señala San Ignacio.
Quienes fueron al último interescolar, en el que obtuvimos el tercer lugar en atletismo y el primero en la presentación en cancha, habrán identificado tales rasgos en otros lienzos y actitudes, mucho más que en el diablito "cabezón y mamón", como le dicen los niños acá.
Ahora bien, contagiados por la cultura ambiente, es cierto que los alumnos tienden a hacerlo más diabólico y a cargarlo de agresividad. Por lo cual, quizás la pelea no sea tanto cambiar la mascota sino conservar la imagen y el sentido que tiene, defendiéndola como a las demás, de las redes y cadenas que el demonio utiliza para atraer a los que desea conquistar.
Porque al final de cuentas, un pingüino, un conejo, un león, un cóndor, un vikingo o un diablito, todos pueden ser imagen de los antivalores que representan al demonio. De hecho el cine y la literatura se han valido de ellos en no pocas ocasiones para representar el mal. Si no, pregúntenle a Batman o a Esopo…
Andrés Vargas S. J.
Rector Colegio San Ignacio - El Bosque
Parece entonces conveniente dar algunos elementos sobre la historia y el sentido que tiene nuestro emblema.
El Diablito nace en los años ´60. Ya lo recordarán los alumnos de aquella época, pudiendo aportar con sus comentarios más precisiones al respecto.
Entendiendo que el dragón era la mascota del Saint George’s, porque San Jorge venció al dragón, los ignacianos de aquella época quisieron aplicar la misma lógica, adoptando el diablito como mascota del San Ignacio porque San Ignacio venció a Luzbel. Nuestro himno lo enuncia con toda claridad:
"de luzbel las legiones se ven ya marchar y sus negros pendones al sol enlutar, Compañía de Jesús corre a la lid".
De hecho, esta idea de vencer al mal, de ordenar la vida, aparece claramente como uno de los motores de la espiritualidad ignaciana, que desarrolla como pocas, la noción de combate espiritual entre el buen y el mal espíritu. Y en ese combate estamos todos, tironeados por ambos lados.En ese sentido, el Diablito, que es una imagen domesticada de Luzbel, trae consigo al menos un par de buenas noticias.
La primera es que por muy diablos que seamos, Dios nos quiere con El, porque nos ama, porque El nos creó y en eso no se equivocó, y porque su amor es incondicional y eterno.
La segunda buena noticia es que con la ayuda de Dios podemos llegar a domesticar ese diablillo que llevamos dentro. En otras palabras, el Nachito es una forma lúdica de proclamar que con la gracia de Dios hasta el demonio puede convertirse, que Cristo venció a la muerte y al mal.
No se trata de un culto a Satanás, ni mucho menos. Es cosa de mirar la imagen en cuestión, alegre y juguetón.
El Diablito ignaciano trata más bien de realzar la fuerza salvífica de Cristo que vence el mal. Algo parecido a lo que sucede con las diabladas que le rinden culto a la Virgen en nuestros países andinos; o a las gárgolas que adornan las catedrales europeas; o al modo que tienen los mexicanos de celebrar el día de los difuntos con calaveras y esqueletos.
En vez de adoptar un animal cualquiera, nuestra mascota también nos sirve para evangelizar. Así como los que ven el dragón del Saint George’s no se aterrorizan, sino que piensan justamente en el santo que lo derrotó, los que se encuentran con el diablito ignaciano, debieran poder llegar a entender quién está detrás de esa caricatura.
Por lo demás, ese no es ni de lejos la imagen que podemos imaginar de Satanás. Para nosotros el demonio tiene el rostro que San Ignacio describe en los Ejercicios Espirituales con estas palabras:
[140] 1º punto. El primer punto es imaginar así como si se asentase el caudillo de todos los enemigos en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo, en figura horrible y espantosa.
[141] 2º punto. El 2º: considerar cómo hace llamamiento de innumerables demonios y cómo los esparce a los unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el mundo, no dexando provincias, lugares, estados, ni personas algunas en particular.
[142] 3º punto. El 3º: considerar el sermón que les hace, y cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que primero hayan de tentar de codicia de riquezas, como suele, ut in pluribus, para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el 2º de honor, el 3º de soberbia, y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios.
Codicia de riquezas, vano honor del mundo y crecida soberbia. Esa es la verdadera cara del demonio, su figura horrible y espantosa, como señala San Ignacio.
Quienes fueron al último interescolar, en el que obtuvimos el tercer lugar en atletismo y el primero en la presentación en cancha, habrán identificado tales rasgos en otros lienzos y actitudes, mucho más que en el diablito "cabezón y mamón", como le dicen los niños acá.
Ahora bien, contagiados por la cultura ambiente, es cierto que los alumnos tienden a hacerlo más diabólico y a cargarlo de agresividad. Por lo cual, quizás la pelea no sea tanto cambiar la mascota sino conservar la imagen y el sentido que tiene, defendiéndola como a las demás, de las redes y cadenas que el demonio utiliza para atraer a los que desea conquistar.
Porque al final de cuentas, un pingüino, un conejo, un león, un cóndor, un vikingo o un diablito, todos pueden ser imagen de los antivalores que representan al demonio. De hecho el cine y la literatura se han valido de ellos en no pocas ocasiones para representar el mal. Si no, pregúntenle a Batman o a Esopo…
Andrés Vargas S. J.
Rector Colegio San Ignacio - El Bosque

